
Anoche fue, como supongo todos sabéis, la noche de San Juan (vale, en Alicante se celebra hoy) y, como cada año, bajé a la medianoche a bañarme en el Mediterráneo, iniciando esta vez en tan pagano rito a mis dos pequeños.
Hace años me di cuenta de que la Noche de San Juan es el ritual mediterráneo de la vida, en el que se aúnan los cuatro elementos (agua, tierra, aire y fuego) en una perfecta, precisa y preciosa comunión de la que somos el elemento catalizador los que participamos del rito.
A las 12, hora bruja, hacemos nuestra inmersión en el mar, sin perder contacto con la tierra, que tocamos con los pies, mientras el aire nos acaricia la cara, trayéndonos el calor producido por el fuego de las hogueras.
En ese momento tomas conciencia de que , independientemente de tu nacionalidad, eres mediterráneo. Que llevas en tus venas, en tu código genético y en tu conciencia la tradición y la cultura de esos navegantes, conquistadores y guerreros que, a la vez, culturizaron cada sitio que pisaron y que crearon la Civilización, tal y como la conocemos, y las bases de lo que hoy es Occidente. Y que el catalizador de todo eso, es el Mar Mediterráneo. Y, sobre todo, te das cuenta de que sigues vivo y de lo bello que eso es, y sonríes feliz.
Anoche, mis hijos recibieron su bautismo en este pagano rito de adoración a los elementos. Pude verlos en la orilla, con los pies metidos en el agua, lavándose sus alucinadas caritas con una mezcla de entusiasmo y sorpresa. Y sé que, aunque no de una forma racional, comprendieron todo el significado del momento y sintieron la energía del Mar.
Foto: Una hoguera de San Juan