
Hoy hemos vuelto a ser testigos de que existen ciudadanos de primera y de segunda. Algo que vulnera el artículo 14 de nuestra Constitución ("Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social"), del que son garantes nuestros jueces y fiscales, pero que, precisamente, son ellos los que más lo quebrantan al actuar con poca ecuanimidad cuando se trata de aplicar las leyes a los que son como ellos.
Y digo esto porque esta mañana he sabido que el juez decano de Barcelona ha declarado por malos tratos, he visto en una fotografía cómo Su Señoría entraba libremente desde la calle, y he sabido después que también salía libre a comer (parece que esta tarde siguen las declaraciones).
De no ser Juez, esteseñor habría sido detenido anoche nada más poner su señora la denuncia, habría pasado la noche en los calabozos, y habría entrado esposado y sin asear al Juzgado, donde, tras tomarle declaración con leso respeto a su derecho a la presunción de inocencia, el Fiscal habría dirigido frente a él de forma automática una acusación con petición de cárcel y orden de alejamiento por dos años, y el Juez le habría aconsejado firmar una conformidad con la acusación, bajo compromiso de darle la condicional y bajo amenaza de que ir a juicio dería peor. Este es el día a día de los Juzgados que cualquier abogado ejerciente en el noble Turno de Oficio puede dar fe de lo que digo, sin enmendar una coma.
Pero hoy sí. Hoy ha sido distinto. Este señor es Juez. Y, por eso, no ha dormido en el calabozo, se ha podido duchar, y entrar en el Juzgado pulcro, aseado, libre, sin esposas ni guardias civiles custodiándole, y abogando por su inocencia.
No. Definitivamente no ha sido tratado como los cientos de hombres que visitan a diario los Juzgados como consecuencia de las denuncias de sus mujeres. No todos somos iguales. Hay unos más iguales que otros.
Me apena que esto pase con quien, como he dicho, deben velar por la igualdad, porque da la impresión de que has puesto a una zorra a cuidar las gallinas.
No me ha causado sorpresa alguna, pues, leer esta tarde que este Juez envió una carta recriminatoria al Jefe de los Mossos d'Esquadra, acusándoles de filtrar informaciones que desprestigiaban a los Jueces, tras publicarse en la prensa que una juez de Barcelona quiso saltarse un control de alcoholemia de la policía catalana. Porque, claro, no iba a recriminar a la Juez que intentó valerse de su puesto para librarse de la retirada de carnet y de la multa. ¿Para qué? Siempre es más fácil matar al mensajero.
Escúcheme, Señoría, porque se lo digo con el mayor respeto. Lo siento, pero esto no es un problema doméstico ni familiar, y usted sí tiene algo que decir. Tiene que explicar por qué a usted lo tratan distinto.
Como dirían los políticos, estamos ante un problema de ética y estética.
No quiero que nadie vea aquí una argumentación a favor de los maltratadores, líbreme Dios. Yo sólo recapacito sobre la desigualdad de trato que hay según quién seas, que es lo mnás injusto del mundo.
Y, aprovechando, propongo una reflexión sobre el ineficaz, automático y, a la vez, anticonstitucional sistema de protocolos, normas y enjuiciamientos que se han implantado en la lucha contra los malos tratos.
Foto: Su Señoría entrando en el Juzgado a declarar.